Hoy lamentamos el fallecimiento del reverendo Jesse Jackson, un hombre cuya vida estuvo definida por la fe, el coraje y una creencia inquebrantable en la justicia. De joven, le vi estar hombro con hombro con el Dr. King y llevar ese movimiento hacia adelante cuando las cámaras desaparecieron y el trabajo era más duro. Nunca dejó de presionar a América para que fuera mejor que el día anterior. El reverendo Jackson nos recordó que el liderazgo consiste en levantar a los demás, que la fe debe impulsarnos a la acción y que ninguna comunidad es demasiado pequeña para importar. Nueva York se sostiene sobre los hombros de gigantes como él. Su fe moldeó su liderazgo, y su liderazgo formó una generación. Que Dios bendiga su memoria.