Hoy, por primera vez, he comprendido de verdad por qué me gustan tanto los Ordinales. No, no por las razones que podrías pensar. Permanencia, procedencia, cadena madre, inmutabilidad... Estas palabras no significan nada para mí. Es porque se niegan a morir a pesar de todo pronóstico. Lo que me acerca a ellos es el hecho de que todos fuera de nuestra problemática pequeña familia no los quieran. El hecho de que los poseedores de NFT, ya sean Solana o ETH, los menosprecian. El hecho de que los grandes mercados no quieran comerciarlos. El hecho de que los "influencers" de otras cadenas les confundan a ellos y a quienes les gustan. El hecho de que ciertos desarrolladores, mineros y nodes runners quieran filtrarlos, quieran deshacerse de ellos por completo. Eso no va a pasar, pero aun así. Hoy me he dado cuenta de que los Ordinales, para mí, son este fenómeno de la naturaleza que no debería existir en primer lugar, pero que de alguna manera tienen la fuerza de voluntad divina para seguir vivos. Hay algo extrañamente hermoso en algo que sobrevive a la presión constante. Algo en lo que nadie está de acuerdo. Algo que no pide permiso. Me gustan los Ordinales porque son hermosos.