A medida que la IA continúa convirtiendo software en una mercancía, los rendimientos de capital riesgo pasarán de bits a átomos, y el capital riesgo como clase de activo experimentará un inverso, remontándose a lo que se inventó tras la Segunda Guerra Mundial: ideas técnicamente duras, intensivas en capital e importantes que resuelven los problemas fundamentales de la humanidad. Esa década nos dio Intel, que diseñó chips de silicio, Genentech, pionera en la edición genética, y Sun Microsystems, que sentó las bases para el internet moderno. Creo que avanzamos hacia lo que será el momento más crítico de inflexión tecnológica, donde el futuro mirará el hoy con asombro, tal como admirábamos los apoyos del Imperio Romano.