Dios eterno, en cuyo reino perfecto no se desenvaina espada sino la espada de la justicia, no se conoce fuerza sino la fuerza del amor: Así se extiende poderosamente tu Espíritu, para que todos los pueblos se reúnan bajo la bandera del Príncipe de la Paz, como hijos de un solo Dios; a quienes sea dominio y gloria, ahora y por los siglos. Amén. - John Henry Newman